El condón masculino

El condón masculino

El condón masculino

Un poco de historia. La interesante historia del condón comienza hace mucho tiempo, con la primera evidencia de la existencia de su "ancestro", descubierta por un grupo de arqueólogos en Egipto y que tiene una historia de más de 3000 años. Se trata de unas ilustraciones rupestres, que representan en el "estilo" característico de ese período, una serie de personajes que llevan sobre sus órganos sexuales una especie de funda de tela para protegerse, probablemente, de enfermedades, infecciones o las picaduras de insectos.

No se sabe exactamente quién inventó el condón, pero existe la certeza de que el deseo de evitar la aparición de descendientes no deseados y, especialmente, el temor frente a las enfermedades venéreas, se originaron en algún lugar lejano en el tiempo, con los inicios conscientes de la aventura humana. Eso sucedió también debido al hecho de que, en ese período, las enfermedades de todo tipo, pero especialmente las infecciosas, tenían probablemente, en su mayoría, un final inequívoco. Los antibióticos aún no se habían inventado y las visitas a los curanderos o sanadores ciertamente no eran tan "milagrosas" como las alababa la publicidad local (probablemente en nada diferentes a la situación de hoy en día).

Si en el antiguo Egipto se utilizaba la "vaina" de lienzo, los chinos experimentaban el método de envolver el pene en un papel de seda impregnado de aceite, y los japoneses, algo más inventivos, probaban otras tres versiones: "Kawagata" o "Kyotai", es decir recubrimientos hechos cuero fino de origen animal y "Kabutogata", una alternativa no muy inspirado, hecha de caparazón de tortuga o cuerno de animal. A su vez, los hombres del Imperio Romano utilizaban para protegerse, "globos" hechos de vejiga de cabra o cubrimientos del órgano sexual masculino con toallitas empapadas con soluciones desinfectantes, elaboradas a partir de plantas.

A juzgar por la evolución demográfica, parece que la "tecnología" de los chinos no fue la más feliz. Si, envolviendo pergamino alrededor del pene, les hubiera ocurrido la idea de hacer cigarros, probablemente habrían tenido mucho más éxito y, por supuesto, tiempo (históricamente hablando), para imponerse en el mercado de perfil, por delante de los cubanos. O tal vez no... ya que les habrían faltado las cubanas (dicen que los mejores cigarros procedentes de Cuba están acabados entre los labios de las habitantes de la isla).

Alrededor del año 1500 a. C., en la Creta del rey Minos, la vejiga de oveja era muy popular como un anticonceptivo masculino. Sin embargo, el condón más antiguo utilizado alguna vez se encontró en Birmingham, Londres, durante unas excavaciones accidentales. Data del 1640 a. C. y está hecho de intestinos de pez.

La historia "moderna" de los condones de Europa comienza alrededor de los años 100 a 200 d. C., periodo del cual datan las primeras "sesiones de fotos" eróticas, incrustadas en las paredes de unas cuevas en Francia y que certifican una real inclinación genética del futuro pueblo francés reales al arte de hacer el amor de manera responsable.

Durante el siglo XVI, las epidemias de sífilis tomaron proporciones sin precedente hasta ese momento, lo que determinó al médico italiano Gabriel Fallappio que en 1564 presente su libro "Morbo Gallico", los beneficios de un condón hecho de tela empapada en una solución a base de hierbas y sal, que tenía la propiedad de proteger a los hombres contra las enfermedades venéreas.

En el siglo XVIII, se utilizaban simultáneamente dos condones. Uno hecho de la seda, "acompañado" al exterior de otro hecho de intestinos de cordero o cabra (estos últimos se utilizaban para evitar el deslizamiento del primer condón del pene durante los episodios más "salvajes"). El sistema tenía incluso un cordón que se ataba al extremo abierto del mismo (alrededor), para una mayor seguridad de mantenimiento del órgano travieso completamente cubierto. También había versiones "económicas", hechas simplemente de vejigas o intestinos de animales, que se podían incluso reutilizar varias veces, después de un lavado a fondo.

Las pinturas de ese tiempo representan escenas originales, en las que los hombres tendían sus "coberturas del pene" para que se secaran, utilizando un gancho "dedicado" o simplemente colgándolos afuera en el tendedero. Podemos imaginar así, lo satisfechos que eran hombres en su orgullo, viendo la bandera de sus actividades nocturnas ondeando en el patio... en la brisa.

Interesante para el período y el tema en cuestión, es también la existencia de unos escritos acerca del "Marqués de Sade", que narran en detalle sobre el uso frecuente del condón por el mismo, que estaba obsesionado como miedos agudos sobre las enfermedades contagiosas.

Casanova, el amante romántico, tampoco parece que se haya quedado lejos de la maravillosa invención, utilizándola tanto para protegerse contra los posibles problemas relacionados con la paternidad, como para evitar infecciones no deseadas. En sus memorias, él llamaba esta invención salvadora como "el redingote inglés".

Debido al precio bastante alto, los condones estaban, sin embargo, casi prohibitivos para la mayoría de la gente común de la época y los que podían comprarlos no dudaban en volver a utilizarlos hasta su deterioro completo. Las crónicas del tiempo llaman a este tipo de solución anticonceptiva: "una armadura contra el placer y una telaraña contra la infección".

También en el siglo XVIII comenzó a desarrollarse también lo que podríamos llamar: el comercio con condones.

En aquel entonces, ya había una tienda que tenía especializada, que tenía su sede en Amsterdam, lo que dice mucho sobre esta ciudad.

La Haya, un pequeño empresario, llamado Mathijs van Mordejai Cohen, comenzó a vender condones hechos "a mano", de vejiga de cordero.

En algún momento de la mitad del mismo siglo XVIII, el comercio con "vejigas para sexo seguro" llegó a Londres. Sorprendentemente, en el centro de este negocio eran dos señoras: la señora Phillips y la señora Perkins. Cada una tenía una tienda y hacían su publicidad con la ayuda de unos folletos con rima. Los principales clientes son las farmacias, los turistas y los embajadores. Las dos emprendedoras tenían, sin embargo, competencia algo única, en la persona de la señorita Jenny, una simpática joven que lograba vender con gran éxito: "los condones de segunda mano".

En 1839, Charles Goodyear descubrió una ingeniosa manera de procesar el caucho natural y, por lo tanto, aparecieron los primeros modelos de condones vulcanizados (vulcanización: conversión del caucho bruto, a través de un sistema químico de calefacción con azufre, en un material muy elástico). Tenían la ventaja de ser muy elásticos, sin el riesgo de romperse, tanto en la fase preliminar (su "montaje" en el órgano al que eran diseñados) como también ulteriormente, durante su uso efectivo. Los nuevos productos tenían también algunos inconvenientes: olían mal, en su superficie aparecían "arrugas" bastante rígidas (muy incomodas para ambas partes), y el espesor de la membrana anulaba cualquier placer sensorial durante el coito. Además, estaban disponibles sólo en Inglaterra y Estados Unidos. Otro problema era que no tenían estabilidad y siempre podían "desnudar" el pene.

En 1861 se publicó la primera publicidad de condones en el periódico "New York Times". A sólo una diferencia de pocos años, en 1873, en respuesta a esta "ofensa a la moral", se aprobó la Ley Comstock. Llevando el nombre de su iniciador, el político Anthony Comstock (seguidor de unos preceptos sociales dogmáticos), la medida legislativa prohibió completamente la promoción de anuncios de de cualquier tipo de productos anticonceptivos y permitió que el servicio postal confiscara los paquetes que contenían las "herramientas del diablo" comercializadas por correo.

Hasta 1920, la mayoría de los condones se fabricaron mediante la inserción de una forma cilíndrica en una sustancia gomosa, luego vulcanizada y pasada a través de un chorro de agua fría.

En 1920, una empresa alemana, dirigida por Frederick Killian, puso en marcha en la producción industrial de los condones de látex. Este material revolucionario tenía la ventaja de ser mucho más resistente a la fricción, era mucho más fino y no tenía absolutamente ningún olor. Por desgracia, este tipo de "milagros de la ciencia" tenían un costo francamente exorbitante, siendo accesible sólo para muy pocos compradores.

Entre 1940 y 1950, los condones se solían lavar, ungir con un gel hecho de petróleo y se almacenaban en cajas de madera.

En 1961, la empresa Durex vende el primer condón lubricado. El descubrimiento de la píldora anticonceptiva, del diafragma y del esterilete en el mismo periodo, llevó a una decadencia temporal de la "vejiga", pero con la aparición del peligro que representa el VIH/ SIDA, el condón reviene, experimentando un real auge comercial. La capacidad del látex de parar la transmisión de los virus durante el acto sexo ya se había demostrado (si se utilizaba correcta y permanentemente), y esto hizo que las ventas simplemente explotaran.

En 1994, en Estados Unidos fue "lanzado" el primer condón masculino de poliuretano. Un tipo de plástico que permitió la fabricación de condones de estructura mucho más fina, siendo también una alternativa perfecta a la irritación o alergia al látex.

Hoy en día, los condones se fabrican en una gran variedad de tamaños, grosores, formas, anchuras, larguras, de muchos colores, sabores y muchas otras características que son más o menos únicas o (¿por qué no?) increíbles. Todo esto sólo para satisfacer las necesidades, gustos y placeres tan diversos de los clientes, a partir de lo estrictamente útil hasta las "rarezas" extravagantes, accesorios indispensables a los juegos eróticos excéntricos.

 

Origen del nombre. La génesis de la palabra inglesa "condom" (condom: condón) parece que teiene sus raíces en la palabra latina "condus" (condus: contenedor). Considerar el término inglés como punto de referencia etimológica tiene su explicación en el hecho de que el primer condón hecho de intestinos de animales fue inventado por un médico militar británico, el coronel Quondam, en torno a 1645, y el nombre del mismo es probable que venga de la resonancia del nombre de su inventador. La leyenda dice que fue el médico personal del rey Carlos II y, debido al apetito insaciable del soberano para las relaciones íntimas fuera del matrimonio, se vio obligado a buscar una solución para evitar el nacimiento de muchos hijos ilegítimos, pero sin renunciar al placer de las escapadas que representaban, probablemente, justo el encanto de la vida de palacio.

 

Consejos para el uso adecuado. El condón es un dispositivo hecho de látex u otros materiales, que, colocado en el pene erecto (antes del contacto íntimo) impide la eyaculación de la esperma en la vagina, impidiendo también que los líquidos o las mucosas internas de los órganos en comunión entren en contacto directo entre ellos. Se utilizan generalmente para las relaciones sexuales con desconocidos y se recomienda su utilización como condición primaria en la protección de la salud.

Para ser eficaz, se requiere que el condón (cuando se usa) esté en el período de garantía del fabricante y que se use de manera correspondiente. Verificar la fecha de vencimiento del producto es obligatorio; si el condón ya no está en el período de garantía (incluso si salió de este período hace muy poco tiempo antes), lo debe realmente tirar a la basura y reemplazarlo con uno adecuado en términos de período de validez.

Está totalmente prohibido que el paquete sea roto con los dientes, ya que se corre el riesgo de dañar el condón (en forma imperceptible, pero segura y definitiva). Siempre, la envoltura del condón se abrirá sólo con los dedos.

Cuando se despliega sobre el pene, el anticonceptivo debe ser protegido de cualquier burbuja de aire que pudiera aparecer en su interior (debido al riesgo de rotura por presión ejercida por las paredes vaginales o anales). Para eliminar este evento indeseable, es indicado que el condón sea cogido de la parte superior (entre los dedos), antes de ser desplegado sobre el pene. Si, de manera errónea, se despliega del revés, no se utilizará de ninguna forma. Es imprescindible reemplazarlo por uno nuevo.

Si el preludio no fue satisfactorio para la mujer y su vagina no está suficientemente húmeda, el riesgo de romper el condón aumenta significativamente y su pareja va a sufrir una cierta molestia a la penetración debida a la fricción "en seco". En este sentido, se pueden usar lubricantes, preferentemente producidos por la misma empresa (que ha fabricado el condón), para evitar poner en peligro la calidad del material del que está hecho. Si se opta por otros tipos (marcas) de lubricantes, es indicado elegir los que se presentan en forma de gel o a base de agua, ya que los productos a base de aceites reducen drásticamente la calidad y durabilidad del condón.

Los anticonceptivos "mecánicos" pueden ser no - lubricados o lubricados, estos últimos presentando un menor riesgo de rotura. Además, hay variantes que utilizan lubricantes desensibilizantes, que ayudan a retrasar la eyaculación.

Cuando la mujer usa supositorios o pomadas a base de aceite, como resultado de un tratamiento médico, no se recomienda el uso de condones de látex (ya que los aceites alteran de manera destructiva las propiedades físico-químicas de este material).

Para la potenciación de la satisfacción sexual, hay condones con nervaduras o estriaciones, en general, en el exterior y para el placer femenino. Para la estimulación masculina, hay modelos con estriaciones interiores.

Los condones con sabores, pero que contienen azúcar, pueden cambiar de manera negativa el pH de la vagina, haciendo muy probable la aparición de infecciones, por lo que, en principio, no son recomendados. Estas "alternativas sabrosas" pueden ser apropiadas e incluso agradables en la práctica de sexo oral, pero deben evitarse en el caso de la penetración vaginal.

Los condones actuales son extremadamente finos, no reducen la intensidad de las percepciones específicas de los órganos que sienten y no causan ninguna molestia, si se eligen con cuidado y de acuerdo a las necesidades de cada persona.

Los condones marcados como destinados para el sexo anal (un poco más gruesos), están diseñados para soportar los niveles de fricción más intensa, ya que se sabe que los músculos del ano son algo más "inhospitalarios" y los condones normales (muy fino, para la vagina) pueden romperse muy fácilmente en estas condiciones. Por supuesto, al pasar a la penetración vaginal, es imprescindible cambiar el condón. En ningún caso se hará la penetración anal e inmediatamente después la vaginal, usando el mismo condón, debido tanto a la insatisfacción sensible, como también para evitar el riesgo de infección.

Sólo hay que colocar el condón en un pene completamente seco y algo erecto.

Para un "entorno" erótico más especial o para "endulzar" un poco el posible sentimiento de insatisfacción expresada por algunos hombres, los condones se pueden aplicar por la mujer incluso con la boca. Esta "operación" se realizará bastante fácilmente, cogiendo delicadamente el reservorio de la punta del pequeño recipiente elástico, después de lo cual se mudarán los labios en la punta del órgano masculino (sin duda convertido en estas condiciones "más ágil"); luego, con los labios, la mujer desplegará la parte circular del condón de manera voluptuosa (posiblemente, con la lengua) a lo largo de todo el pene, hasta cerca de los testículos.

Después de la eyaculación, el condón debe retirarse con cuidado, cogiéndolo de la base, evitando así el escurrimiento hacia el exterior de la esperma. La operación se realiza con relativa rapidez, mientras el pene está todavía medio erecto. Después de quitarlo, puede anudar el condón en el extremo abierto (para mayor seguridad con respecto al escurrimiento), se coloca, posiblemente, en una bolsa o papel y se desecha en la basura (nunca en el vaso del inodoro).

Si, durante las relaciones sexuales, ocurren accidentes (rotura o deslizamiento en la vagina), considere el uso de un método de anticoncepción de emergencia como alternativa adicional contra el embarazo.

Aunque es un concepto controvertido e interpretado muchas veces sin estar al tanto, la protección se requiere incluso en el caso del sexo oral. La mayoría de las enfermedades de transmisión sexual se transmiten a través del contacto con fluidos o con membranas mucosas infectadas y la saliva es en sí misma un perfecto ambiente propicio para tales "cambios".

El condón debe usarse durante cualquier contacto sexual, sin prescripción médica, ayuda a prevenir los embarazos no deseados, la eyaculación precoz o la transmisión de enfermedades infecciosas, por lo que su uso es una actitud consciente y responsable tanto hacia la sociedad como hacia su propia salud.