¡No te juzgues mal!

¡No te juzgues mal!

¡No te juzgues mal!

“El sexo libera la tensión. El amor la provoca.”
(Woody Allen)

En la época contemporánea, en un mundo apresurado y sofocado de tecnología, con un ritmo de vida que parece a veces superar con mucho nuestras posibilidades de adaptación, se hizo cada vez más evidente que el tiempo dedicado para encontrar a una pareja es cada vez más limitado. Paradójicamente, a pesar de los preceptos sociales anclados en una pintura inalterada y arcaica que representa la duplicidad en todo su esplendor, parece que nadie está dispuesto a perder ahora su tiempo para jugar de manera ingenua en la obra dramática cuyo final se sabe, sobre la aventura tímida y romántica de encontrar la ilusoria “media naranja”. Nadie demostrará el entusiasmo infantil, alimentándose en vano con la esperanza de que la rutina o el divorcio no son las únicas alternativas a este escenario.

Día a día luchamos y corrimos para tener éxito en nuestra carrera, para fortalecer nuestra posición social o para ahorrar dinero, pero, una vez llegados a casa, por la tarde, en el silencio del relieve de nuestros problemas, nos damos cuenta de que estamos solos. Y, de manera extraña, esto no nos afecta tan profundamente. Tal vez porque la misma sociedad que nos sofoca con principios morales “tradicionales”, nos ofrece también las soluciones.

Una de ellas, hasta que la vida nos permita (o no...) “una relación seria”, es acceder a los sitios especializados en la publicación de los anuncios de las escorts. Son elegantes, hermosas y provocadoras, sin inhibiciones, pero sobre todo con experiencia en el arte del sexo. Sus tarifas varían en proporción directa con la forma en que la naturaleza les ha dotado (desde el punto de vista de su apariencia física) y, también, con la disponibilidad que tienen en relación con la prestación de determinados servicios.

Su oferta es abundante y variada, yendo desde las más comunes a las más sofisticadas variantes. De los breves momentos de placer, a noches, fines de semana o viajes, pigmentados de sensualidad. De sencillas cenas o banquetes excéntricos a las prácticas sexuales extremas, extrañas e inusuales.

Muchos consideran que, al recurrir a este tipo de relaciones, se les considerará perdedores o inadaptados de la sociedad y la idea de ofrecer dinero por sexo los cubre de una vergüenza descalificadora, situándolos críticamente en el campo de los incapaces de tener lo que muchos llaman: “sexo gratis”. Pero es una opinión totalmente errónea y carente de fundamento lógico. En primer lugar, porque aquellos que pueden permitirse el lujo de gozar de momentos emocionantes de erotismo mediante pago, tienen los medios financieros necesarios para tales aventuras sensuales, por lo que no son unos inadaptados sociales y, en su campo de actividad, probablemente tuvieron éxito... y eso no refleja en ningún modo la noción de fracaso.

En segundo lugar, porque ¡NO HAY SEXO GRATIS!!! El concepto de “gratuidad” con respecto a este tema es muy probable que haya sido inventado por las mujeres, a fin de hacer creíble la ilusión de que el mantenimiento de una novia, amante o esposa, con todas sus interminables malhumores, exigencias y gastos permanentes (cada vez mayores con el paso del tiempo) es menos costoso que las aventuras hechas de vez en cuando, con “mujeres del mal vicio”. ¿Puede ser así? Si lo analiza de manera racional, con poco de pragmatismo, se dará cuenta de que incluso la expresión “sexo gratis”, utilizada por las mujeres “serias”, revela un interés económico oculto, extraordinariamente pérfido. Porque no es así... nadie tiene SEXO POR AMOR.

En realidad, la verdad es que, acudiendo a los servicios de un profesional, usted no está más condicionado por las arcaicas formas anticuadas, aburridas y agotadoras emocionalmente, por las que debe demostrar su capacidad de tener una relación, siguiendo un estándar a veces imbécil. Ya no tendrá que ir a varias citas repetidas, en las que se pondrán a prueba sus conocimientos generales, se le analizará por mucho tiempo la estabilidad emocional y (¡el colmo!) la financiera, se le contará los “puntos comunes” y tampoco deberá superar la prueba eliminatoria del comportamiento típico a una serie televisada seductora, del hombre romántico, sensible y atento a la multitud de necesidades (por supuesto, mucho más importantes que las suyas) de la protagonista que desempeña de manera ingenua el papel de “justa recompensa por su buen comportamiento”.

La variante “pagada” le ofrece, en cambio, la oportunidad de tener relaciones sexuales cuando quiera, donde quiera, como quiera y con seres magníficos, que usted elija a su gusto, de una gran variedad de “posibilidades”.

No, usted no debe juzgarse de manera errónea, en conformidad con los criterios de la sociedad; ahora, entre nosotros, hay mucha hipocresía. Muchas personas exitosas acuden a los servicios de las escorts, incluso si ya tienen en sus casas la versión familiar del “sexo gratuito”.

Las escorts también son útiles para recuperarse emocionalmente después de un divorcio o después de una ruptura más dramática. ¿Por qué? Porque después de un fallo sentimental, los intentos sexuales son siempre desastrosos. Aún persisten los recuerdos, los arrepentimientos u otros traumas de naturaleza psico-emocional que disminuyen la libertad de un comportamiento desinhibido fisiológicamente. Esto complica mucho las cosas, sobre todo si usted se obstina en encontrar rápidamente otra “pareja”. Sus actuaciones íntimas mediocres pueden eliminar a muchas de las que, en otras condiciones (normales) le habrían apreciado y se habrían quedado cerca. Aunque, de lo que dicen resulta que no es así, es decir el sexo no es el aspecto más importante de una relación, sino los sentimientos, el afecto, la ternura y así sucesivamente. Sin embargo, usted se convencerá de que casi ninguna cumple con esta filosofía “virginal” (excepto otros momentos, cuando le es positiva).

El sexo pagado le puede ayudar a romper este ciclo de la degradación emocional. Usted puede tener relaciones sexuales un par de veces y nadie le criticará por un eventual fallo. En algún momento, comenzará a sentirse de nuevo “en forma”, ganará más confianza en sí mismo y, en poco tiempo, cuando aparezca una nueva oportunidad de una relación “seria”, ¡todo va a estar bien!

!Buena suerte... ¡y deje de juzgarse con tanta dureza!