¿Qué es lo que las mujeres tienen que evitar en su relación con una escort?

¿Qué es lo que las mujeres tienen que evitar en su relación con una escort?

¿Qué es lo que las mujeres tienen que evitar en su relación con una escort?

Trabajar con la gente no es fácil. Los involucrados en la práctica de la profesión más antigua del mundo pueden confirmar con honestidad esto. Porque, como cualquier otro tipo de profesionales que desarrollan su actividad en las “ventas”, los “agentes eróticos” se enfrentan a una clientela diversa, caprichosa, a veces incluso sin piedad.

La práctica les enseña, sin embargo, tratar los inconvenientes con profesionalidad y no bajo el impulso de momento.

Junto con un comportamiento benévolo que aparece en casi todas las circunstancias, las/los acompañantes (ya sean mujeres, hombres o transexuales) aún tienen importantes reservas (a veces una verdadera intolerancia) contra ciertos tipos femeninos. Si bien que la experiencia inmuniza parcialmente contra los efectos causados ​​por el contacto con “especímenes extraños”, hay casos en que las “reuniones” son demasiado insoportables o difíciles de gestionar.

Entre las manifestaciones molestas específicas de las señoras que compran servicios sexuales (paradójicamente, esta información es útil, con predilección, para las clientas), hay que mencionar los siguientes:

1.-Las críticas. Las representantes del “sexo débil” se distinguen por su aspiración a la perfección. En su opinión, cualquier cosa debe ser sometida a la mejora, incluso las relaciones íntimas.

Entre cuatro paredes, las expertas en la crítica se comportan como si tuvieran la misión de revolucionar los servicios eróticos. En realidad, son sólo una molestia... ¡siniestra!

Detectan solemnemente los errores, comentan cada 5 minutos y no perdonan nada. Si su impulso es cortado de manera civilizada, éstas murmuran con los dientes apretados, irritadas y fieles a sus mismas conclusiones innegables: “algo está mal, la implicación es deficiente, la ropa interior parece anticuada, el perfume es un poco demasiado estridente, los movimientos son algo perezosos y, de todos modos, ¡todo podría ser... diferente!”.

No hace falta decir por qué, en tales circunstancias, el rendimiento de los “sujetos” atacados pierde de su calidad. ¿Quién puede continuar tranquilamente lo que estaba haciendo (calentar la atmosfera, por ejemplo), si es bombardeado con un sinnúmero de acusaciones que desafía sus veleidades?

2.-El lenguaje codificado. El habla codificada es el dominio exclusivo de las mujeres de todas partes. Como si todas hubieran sido espías en una vida anterior, y las reminiscencias todavía existen.

Las expresiones cifradas encuentran su lugar incluso en el vocabulario de las aficionadas de erotismo y escapadas. Aparecen, por ejemplo, en frases como: “No hubo nada malo. Tal vez tuviste un día malo.” En la traducción, esto significa: “¡Deberías haber tenido más paciencia!” o “Sí, me gustó la improvisación, pero ¡no vamos a repetirla demasiado pronto!”, que, en realidad, se interpreta: “Fue horrible y ¡mi estómago se revolvió!”

Las líneas utilizadas (por una falsa diplomacia, miedo a la “confrontación”, puro hábito o “gracias” al placer de materializar sus pensamientos en un juego enredado de palabras), confunden a cualquier persona, a menudo haciendo imposible la conversación.

3.-Los celos. Entre los celos y la relación con las personas que trabajan en la “rama” del erotismo mercantil no debe existir ninguna conexión. Y, sin embargo, en casos raros, la hay. Algunas mujeres han nacido para ser celosas. No importa que la persona a la que vuelven de manera sospechosa su atención les “pertenece” solamente una hora o, como mucho, una noche. Ellas sólo quieren ser “especiales” (como siempre) en relación con las “demás” y se convierten, de esta manera, en sospechosas si el personaje alquilado regularmente las pospone, reprograma o rechaza invocando diversos pretextos. Seguro que miente, para que se cite con quién sabe qué anoréxica infatuada...

El exceso de celo y las investigaciones puestas en marcha para aclarar la verdad las transforman en presencias muy desagradables. Las preguntas como “¿Con cuántas mujeres tuviste citas la semana pasada?, dímelo honestamente” (¡¿?!), tampoco son muy agradables a los oídos de las personas incriminadas. Estas obsesiones no encajan con la situación en cuestión.

4.-La invasión del espacio personal. En la multitud de las “solicitantes” de favores sexuales pagados, encuentran su lugar, inevitablemente, también aquellas mujeres interesadas ​​en saberlo TODO: el pasado, las pasiones, el nombre de las “revolcadas”, los estudios, los padres, las enfermedades, las depresiones, os remordimientos, los secretos, los planes de futuro, la afinidad para ciertas prendas de vestir y un cierto prototipo físico femenino etc.

Al igual que unas verdaderas “conquistadoras”, en su entusiasmo (y curiosidad), las intrusivas buscan una manera de relacionarse emocionalmente, pero no en una manera normal y natural, como podría ser apropiado, pero totalmente inadecuado (especialmente) a la situación dada. Sin preocuparse porque invaden el espacio personal de una persona, violado su derecho a la intimidad. Y sin darse cuenta de que entran en la categoría: “¡Así no! ¡Nunca! ¡Bajo ninguna circunstancia!”

5.-La dependencia. La dependencia de una persona que comparte amor remunerado se traduce en el comportamiento y las declaraciones extremas como: “Si no nos vemos mañana, me vuelvo. Me enfado contigo y pierdo el equilibrio”. El deseo de ser regularmente juntas, súplicas insistentes dirigidas en la dirección de ajustar el horario de acuerdo a sus propias necesidades y otros signos de una debilidad casi morbosa, representan un comportamiento totalmente inapropiado a este tipo de situaciones.

Las mujeres que sufren de este síndrome tienen el don de irritar y molestar por lamentaciones, perseverancia, el traspaso de cualquier límite (inherente a todos los seres humanos) y sofocación, debiendo ser totalmente evitadas. A veces son pasibles incluso de recibir ayuda profesional, pero eso es otra historia.

Como la mayoría de los seres del Universo, en su sano juicio, las escorts aman su libertad. Tanto la personal, como la profesional. Esto debe quedar muy claro para las personas predispuestas a aferrarse, más de lo que sea normal y aceptable, a la existencia de unas ilusiones efímeras.

* * *

El sexo comercio se debe practicar en un marco transparente, flexible y relajado, si ser confundido con el caos o la mentalidad de acuerdo a la cual “la clienta hace lo que quiera, porque paga y, si le apetece, puede jugar también con los nervios de las escorts”. Nadie está obligado a someterse a tratamientos inadecuados, que no se ajustan a sus propios principios o afinidades. El deber de las protagonistas que desarrollan su actividad en el ámbito del eros se reduce al amor y, posiblemente... a conversaciones (más o menos sofisticadas) sobre temas comunes. Así que, ¡nada más!