El lenguaje no verbal (y las acompañantes)

El lenguaje no verbal (y las acompañantes)

El lenguaje no verbal (y las acompañantes)

Entre los pensamientos y las palabras de una persona no existe siempre concordancia, sobre todo cuando la “persona” en cuestión es... una mujer.

Sobre la decodificación del espíritu femenino por los representantes de sexo fuerte y nada complicado se hacen un montón de chistes, que sugieren, todos al unísono, que las dos categorías tienen nociones muy distintas sobre el mecanismo de la comunicación y su propósito.

Para ellos las cosas son claras, simples y directas, mientras que para ellas todo funciona en combinación con el doble sentido, la ambigüedad o las pretensiones del tipo “compréndeme, aunque yo me calle”.

Las cosas son relativamente diferentes en el caso de las acompañantes, porque la totalidad de sus servicios son un papel, una interpretación subordinada al escenario claramente predeterminado, aunque, a veces, también en su caso, el lenguaje no verbal traiciona un mensaje opuesto al que comporta la misión asumida.

Con una serie de explicaciones elementales proporcionadas por la salvadora psicología de los gestos, el desafío de aquellos que deseen descubrir el mundo que está más allá de las palabras y los gestos de la “vendedora de placeres” se convierte en algo más accesible, más fácil de manejar y muy útil, sobre todo en el caso de los principiantes, cuyos “trucos” son todavía desconocidos.

Sin embargo, las reglas no se aplican de manera invariable y a todas las situaciones posibles. Reflejan, sin embargo, algunas tendencias con grandes oportunidades de correlación con el plan real, resultandos útiles para los que no saben cómo interpretar las reacciones observadas o cómo gestionar esta información para su propio beneficio.

Para el alivio de su tarea, los movimientos desenmascaran más de lo que algunas personas desearían, revelando lados concluyentes sobre su verdadero estado interior.

La sonrisa. Generalmente, la interlocutora que ríe formal, “con un breve asomo de sonrisa” o por complacencia (desde la nariz hacia abajo), pareciendo un presentador de noticias totalmente inmune a las situaciones que está citando (ya que su atención va dirigida exclusivamente a su propio rendimiento ante las cámaras), farolea y no consideran que la conversación con usted es divertida o interesante, por no hablar de la hipótesis de que incluso su presencia le pueda resultar desagradable.

Al encontrarse con una experta pagada, la autenticidad de la sonrisa importa menos (ya se ha establecido que la interacción en sí refleja una simple puesta en escena, dirigida y acordada por ambas partes a ser así).

Sin embargo, si usted quiere “medir” la sinceridad de una sonrisa, preste atención a la evolución de los labios y de la mirada, sabiendo que una sonrisa falsa solicita únicamente los músculos existentes alrededor de la boca de la protagonista y no los del área de los ojos, que se mantienen (en este caso, del “no auténtico”) total inmóviles.

El parpadeo. El parpadeo es una “actividad” influenciada por la edad, el sexo, el nivel de concentración, el estado de ánimo o el contexto. Y, obviamente, por la especie (casi todas las criaturas de la tierra parpadean).

En forma precipitada, el movimiento continuo de los párpados denota nerviosismo, ansiedad, inquietud, pudiendo ser fácilmente observado y correlacionado con esta gama de sentimientos negativos.

Si su compañera temporal de “equipo” parpadea frecuentemente, como si le acaba de entrar un cuerpo extraño en los ojos, hay dos explicaciones disponibles: o bien experimenta una grande falta de comodidad a su lado (a pesar de la risa que da color a su comportamiento) o bien toma píldoras anticonceptivas (el uso de los métodos anticonceptivos hormonales determina que las mujeres parpadeen hasta un 32% más en comparación con las demás).

Se puede llegar a un “diagnóstico” correcto sólo después de un cuidadoso análisis de otras posibles señales (visibles) de irritabilidad, tales como: morderse los labios, las manos cruzadas a la espalda (gesto también asociado con la agresión, la frustración, la mentira) o la orientación de la mirada hacia abajo (una indicación de la necesidad de seguridad).

Tocarse la nariz. Los caminos del subconsciente humano son muy sinuosos y revelan los hallazgos de los profesionales del campo del “vocabulario” del lenguaje de los signos. Una de sus conclusiones se refiere a la estrecha relación entre la nariz y la mentira, enlace que no existe bajo la relación de la causalidad imaginada por el autor italiano de Pinocho (Carlo Collodi), sino en una manera relativamente sutil (pero no tan discreta como para poder ser ignorada).

La teoría afirma que la persona que expone ficciones muy bien pulidas es propensa a tocarse la nariz en el momento de “decir cuentos”. Por supuesto, es muy posible que ésta confiese, de hecho, la pura verdad y que su gesto sea determinado únicamente por un simple picor del órgano olfativo. Una prueba suplementaria para aclarar la duda es evaluar el contacto visual. Su ausencia o, por el contrario, su prolongación no justificada (ese tipo de mirada fija, incómoda por su insistencia, ansiosa de transmitir autoconfianza y de compensar la falsedad) refuerza la hipótesis de culpabilidad.

Por lo tanto, hay que prestar atención a la gama completa de señales.

El pelo, la barbilla, la postura. En el caso de las mujeres, un fuerte indicio de los sentimientos favorables es la propensión a jugar todo el tiempo con el pelo, como si el ritual triplicara, espontáneamente, su encanto, convirtiéndolas en “mujeres fatales” imposible de rechazar (el hábito puede ser notado también entre las mujeres profesionales que fingen la seducción).

Tocarse la barbilla también tiene equivalente en las actitudes, mostrando la indecisión (o, en este caso, diversas oscilaciones contextuales, tales como “¿condón clásico o el con sabor a frutas?”).

En ciertas circunstancias, el gesto muestra también que la protagonista asume el papel de pensadora sofisticada, inclinada a las preocupaciones superiores, que no se limitan a las bolsas espaciosas o a las novedades vestimentarias implementadas en las tiendas de perfil (“tic” que se da, sobre todo, en el momento de comenzar unas conversaciones “profundas”, antes o después de tener relaciones sexuales).

Las manos abiertas representan una personalidad flexible, a diferencia de las cerradas, tensas, con los puños apretados (signo de rigidez, tensión, autosuficiencia o baja capacidad empática en relación con los requisitos del cliente).

Por último, pero no menos importante, hay que tener también cuenta los brazos cruzados, que determinan una posición defensiva o reticente y, en tándem con las piernas cruzadas, delatan una falta total de disposición o “apetito” acerca de usted.

Por el contrario, la inclinación del cuerpo hacia usted, junto con la posición del cuerpo en la misma dirección son buenas señales. Estos aspectos son parte del ciclo positivo de los gestos simbólico, mostrando el interés y la disposición para darle una experiencia inolvidable.

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El principal beneficio dado de la correcta comprensión de los sentimientos de “detrás del escenario” de la mente se refleja a nivel de la decisión de terminar o no una posible “colaboración” con la persona en cuestión.

Por otro lado, algunos “compradores de placeres” anhelan por una “relación” capaz de mantener encendida la ilusión de veracidad, y la ventaja de que pueden decodificar el verdadero significado de los gestos observados disminuye un poco de su fantasía y participación.

Así que lo único que le queda por hacer es elegir... o quiere saber exactamente lo que piensa o siente la escort que se encuentra delante de usted, o se resume a sentirse bien, imaginando escenarios que alimenten su ego y, por supuesto, su potencia.

¡La decisión es suya!