6 señales que la cita con un acompañante masculino fue un fracaso

6 señales que la cita con un acompañante masculino fue un fracaso

6 señales que la cita con un acompañante masculino fue un fracaso

A diferencia de la tradicional aventura de una noche, la calidad del encuentro con un acompañante masculino se mide teniendo en cuenta otros factores y no es confirmada por la clásica llamada del día siguiente (o del tercer o del décimo) día que él, el semental contento con lo sucedido, hace para que pueda recibir otra “porción”.

Para un gigoló empedernido no importa si tiene celulitis, 50 años, fobia al amor anal o preferencias extrañas en el dormitorio. Siempre y cuando usted coincide con el “horario”, presentándose bañada, con el dinero en efectivo y sin mostrar una actitud de superioridad, las posibilidades de que usted se convierta en la clienta del año alcanzan el pico.

La desviación de las reglas no escritas de la relación de pago es castigada en consecuencia por los caballeros atentos a los detalles. No a cualquier tipo de detalles. Sólo algunos les llevan a rechazar su llamada la próxima vez.

Entre los errores por culpa de los cuales los hombres pagados catalogan una primera reunión de este tipo como un fracaso (relativamente excusable), cabe mencionar los siguientes:

 

1.-La reapertura de las negociaciones. Después de largas búsquedas asiduas, usted ha escogido una buena persona para ser devorada de la cabeza a los pies. Se ha puesto en contacto con la persona en cuestión, ha aclarado los datos del problema y se “han reunido”, con mariposas en el estómago (el suya, obviamente) y la libido excesiva.

Pero, una vez llegada cara a cara con el individuo y confiando en sus propias fuerzas (femeninas), usted se ha propuesto obtener una reducción del precio. Tentativa sin inspiración, de hecho. No hay sugerencia más grosera de la falta de respeto que esta “tentación”.

Consejo: una vez que haya aceptado pagar una cierta cantidad, permanezca en el nivel establecido. Usted no ha ido a hacer las compras habituales, sino para beneficiar de un servicio sexual. Proporcionado por una persona. Y su rendimiento tiene un precio. ¿Le conviene? Pues, ¡genial! ¿Le parece demasiado caro? ¡Elija otro! No ofenda por la violación del acuerdo hecho.

 

2.-La curiosidad mórbida. “¿Por qué llegó a ser vendedor de placeres? ¿Tiene una esposa, amante, niños? ¿Cuánto gana por mes? ¿Está en paz consigo mismo? ¿Pensó en cambiar de trabajo?” Y muchas otras preguntas personales que pueden encontrar un lugar pequeño y cómodo en su cabeza y en sus labios. Movimiento en falso, una vez más.

Pocos “señores de compañía” están disponibles para este tipo de entrevistas “perturbadoras”. Y resaltan con facilidad, ya que empiezan solos a contar su existencia, esperando la empatía, la admiración o la compasión de su interlocutor (casos muy raros, como ya hemos mencionado).

Los otros se niegan a diseccionar su intimidad con una desconocida que se muere por la curiosidad. Prefieren permanecer “simples” profesionales, no estudios de casos a disposición de cualquiera que está acostumbrado a invadir las almas de la gente.

Consejo: trate de entender el verdadero significado del concepto de “vida privada”.

 

3.-El espíritu crítico. Cuando usted se da cuenta de algunas irregularidades de su “pareja”, debe transmitirle lo que le molesta con tacto y diplomacia. Y con un poco de moderación necesaria. Quien ve a cada paso desastres y errores, significa que manifiesta un sentido demasiado crítico para el contexto de tales encuentros.

¿Usted habría querido que la hubiera recibido con caviar, champán, piropos robados de autores famosos y emociones de profundo enamorado, y él, el sinvergüenza, sólo la recibe con una sonrisa y su pene prometedor?

¿Considera que terminó demasiado temprano y quiere burlarse de su desempeño? ¿Usted tiene deseos secretos y la pretensión de que los adivine con precisión, lista para cobrarlo en caso de fallo?

¡Felicidades, usted acaba de quedar excluida de la lista de sus clientes!

Lo que le va a suceder cada vez que esté en una situación similar. A nadie le gusta ser criticado, comentado y ridiculizado por razones absurdas.

Consejo: exprese su opinión cuando el hombre en cuestión exceda el límite o, de alguna manera, no se ajuste al “plan de trabajo”. En el resto de los casos, mantenga secreta su opinión del tipo: “Creo que ¡incluso un novato torpe haría mejor que tú!”

 

4.-El “BDSM” de forma espontánea. Los que dicen que los juegos que implican el erotismo peligroso son exagerados, se equivocan. Cualquier aproximación a la sexualidad tiene su encanto, siempre que los interesados ​​sepan en que se “meten” y den su consentimiento por adelantado. Lo que se aplica independientemente de las circunstancias. Eso quiere decir que también en el caso de los acompañantes.

En ausencia de las conversaciones anteriores acerca de las fronteras y la tolerancia, se convierte en dudoso e incluso contraproducente involucrarse, de repente, en comportamientos de tipo BDSM... sacando el látigo de su bolso, el pañuelo para vendar los ojos o las esposas o ​​susurrando en el oído de su pareja que quiere apretar sus testículos en un mecanismo especial para obtener “placer”.

Todas estas cuestiones se establecen antes de pasar a la acción propiamente dicha, ya que no los practica cualquier persona, de cualquier manera y en cualquier momento. Por no hablar de que, sin duda no quiere ser responsable de cualquier ataque de pánico o reacciones incontroladas causadas al hombre inadvertido de que va a ser golpeado con una paleta en su parte inferior.

Consejo: presente, desde el principio, sus intenciones. Una pequeña pizca del pezón podría ser recibida con alegría. Pero todo un escenario en el que su “pareja” se convierta, por la fuerza, en su esclavo... definitivamente no.

 

5.-Las declaraciones de amor. Algunas clientas se enamoran irremediablemente de los hombres que se alquilan por hora. Es un hecho. Otras sólo los instigan, para comprobar sus habilidades de mujeres fatales, que tienen éxito entre los representantes del sexo opuesto. Ambas situaciones son complicadas, dignas de ser evitadas. Los profesionales en el campo sólo quieren hacer su trabajo y no piensan realmente en las aventuras que nacen de repente, por la facilidad de las mujeres (es decir, de algunas de ellas) de enamorarse o de su necesidad permanente de adulación.

Probablemente tienen suficientes problemas en la vida como para no querer uno más.

Consejo: en vez de comenzar a bombardearlo con “te amos” inadecuados, piense hacerle un bien, recomendándolo a sus amigas o recompensando verbalmente su rendimiento. Es mucho más saludable así. Y “pasa” más rápido.

 

6.-El invitado/los invitados sorpresa. El número de participantes en el libertinaje soñado debe ser establecido durante las negociaciones iniciales. El amante contratado necesita saber naturalmente, de antemano, que se ocupará de una sola señora, dos o tres, una pareja, una despedida de soltera, etc.

Es importante que esté informado acerca del desarrollo de la acción. Si usted le deja la impresión de que será la única persona a la que tiene que satisfacer, y luego le da la bienvenida o llama a su puerta con un grupo de mujeres deseosas, sus reacciones serán al menos reticentes.

Las clientas numerosas traen, es cierto, un ingreso “extra” y añaden un poco de exotismo al encuentro, pero el cambio del programa, sin previo aviso, crea confusión. Y, probablemente, irritación, lo que lleva a la cancelación de todo el plan. Así que recuerde... en tal contexto, la espontaneidad demuestra ser, a veces, inútil.

Consejo: evite la introducción de elementos sorpresa en el episodio erótico planeado. De lo contrario, es posible que tenga, usted también, una sorpresa. Y no de esas agradables.

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Nadie nació sabiéndolo todo. Lo mismo pasó con las mujeres que “alquilan” un gigoló con el fin de oxigenarse, de vez en cuando, el cerebro. Aspecto conocido también por los expertos en la industria del sexo, que están dispuestos, en general, a “perdonar” las novatas en un primer delito y a pasar por alto el posible encuentro fracasado.

Sería indicado, sin embargo, no llegar hasta ese punto.