¡Tome conciencia de sus inclinaciones “extrañas”!

¡Tome conciencia de sus inclinaciones “extrañas”!

¡Tome conciencia de sus inclinaciones “extrañas”!

Al tener (todavía) una connotación ligeramente negativa, los fetiches son asimilados a aquellas conductas de las que no se debe hablar en público. No necesariamente porque pertenecieran a la esfera “vergonzosa” de lo social, sino porque una cosa es cuando un hombre se jacta de que se haya acostado con una mujer y otra cuando el mismo hombre confiesa a sus amigos que lo hizo sólo después de haberse puesto unas medias de seda y haber bailado con gracia, llevando tacones altos, frente a ella. Sin embargo, las obsesiones que se manifiestan hacia ciertos objetos, actividades o partes del cuerpo no eróticas (a las que se les asigna un sustrato sexual) forman parte de la normalidad. Es cierto, no se trata de una normalidad asumida por todos los demás. Pero, mientras sus defensores mantengan su salud física y mental, no quemen su casa, no aterroricen a sus vecinos y no golpeen a nadie en la cabeza (literalmente), las cosas pueden considerarse al menos razonables.

Las personas se sienten, a menudo, avergonzadas de las prácticas abordadas en la intimidad y presumen de las personas más obedientes de la Tierra. Ellos prefieren negar que hayan experimentado el erotismo también de manera “diferente”, para evitar la gran cantidad de miradas de desaprobación, poco comprensivas y frías de sus amigos o familiares. Obviamente, las revelaciones demasiado generosas dañan a los que olfatean piernas no depiladas o que orinan en su pareja, pero la vergüenza intensa o el rechazo de abrazar, conscientemente sus “rarezas” no traen la felicidad.

La idea de sentirse bien en su propia piel es más que un eslogan coreado por los descendientes de los viejos hippies en los festivales de música y podría recibir, después de todo, el título de requisito esencial del equilibrio personal.

Por lo tanto, es aconsejable aceptar sus inclinaciones “extrañas”, sin llegar a ser, sin embargo, un personaje extraño en su propia visión (o en la de los demás):

1.-Los fetiches hacen que cualquier aventura sea más interesante. Sin tener valor propio, el hábito de lamer los tacones de los zapatos, de dejarse completamente inmovilizado y “usado”, de ser abofeteado, escupido y jurado o de consumir el acto sexual en una caja apretada de cartón, tienen el papel de sacar la rutina de la vida y la vida de la rutina. La gama de las innovaciones que se pueden introducir en el dormitorio puede aspirar al infinito. Cada uno elige lo que más le tiente. Al fin y al cabo, el encanto de la inconformidad radica precisamente en la ausencia de cualquier obligación. Sería por lo menos irónico que alguien intente experiencias inusuales (le gusten o no) sólo porque quiere estar entre los “otros” y no entre el resto del mundo.

2.-Los fetiches ponen a prueba los límites. Muchos se sienten tentados por diversas fantasías, pero tienen miedo de ponerlas en práctica. ¿Qué pasa si se vuelven locos si aceptan caminar con una correa en el cuello, en la casa? La curiosidad de usar el látigo, de tomar la identidad y la actitud de un “esclavo”, de llevar ropa de látex o de usar una máscara de gas durante el “apareamiento”, en estas condiciones permanece insatisfecha. Las reservas traen, con el tiempo, un montón de frustraciones y la frustración crea, como ya sabemos, malestar, pelo gris e insatisfacción. ¿Por qué no tirarlos por la ventana, junto con la impresión de que ignorar ciertas necesidades llevara a su mágica aniquilación? Usted puede descubrir sus límites sólo cuando toma coraje y hace lo que siente que debe hacer.

3.-Los fetiches excitan y traen satisfacción. Las personas desarrollan diversas debilidades en relación con ciertas formas de asumir su sexualidad, porque las respectivas debilidades los estimulan, animan su libido y deleitan sus sentidos en formas que otros placeres no lo pueden hacer. ¿Se podría encontrar un mejor argumento a favor de las “parafilias”, otro aparte de que llevan al éxtasis y aclaran sobre lo que significa una sensación de bien? Por supuesto que no. ¿Tiene alguna importancia de que a ciertas personas les asusta el amor encadenado, mientras que a los demás les conquista instantáneamente? ¿Que el vello púbico puede causar también otras reacciones, aparte de... “¡Depílatelo!”? Que las bolas anales tienen tanto opositores, como fans acérrimos. Enfáticamente, ¡NO! Los que se estremezcan ante la idea de unas “cosas” extravagantes no deben dejarse impresionados de que la gran mayoría de los conocidos pone en duda su “utilidad”. Lo que importa es que tengan con quien experimentar sus reverías, en un acuerdo armonioso. Y (eventualmente) a un buen precio.

4.-¿Cómo gestionar la inclinación hacia los fetiches? ¿Por qué la gente elige a reunirse de manera extraña, a “aprovecharse” de los que duermen, a tener un orgasmo sólo “después de recibir una orden” o a asimilar (con o sin el equipo apropiado) la postura de unos personajes ficticios para descartar temporalmente su propia personalidad? Estas hipostasis responden a ciertas necesidades, tienen una explicación plausible y superan con mucho el nivel de capricho excéntrico. Además, las “desviaciones” invocadas se eliminaron hace mucho tiempo del manual psiquiátrico (a excepción de los casos “graves”) y corresponden a unas fórmulas complejas de aproximación de la sexualidad.

Por otro lado, también se pueden dar situaciones (bastante raras) en las que los fetiches pueden tener evoluciones degenerativas un tanto negativas.

¿Cómo se pueden identificar?
a).-Las ganas tardan en aparecer en ausencia del “elemento milagroso”. Es decir, nada está sucediendo allí “abajo”, a pesar de los senos apetitosos o de los músculos bien entrenados que están a su lado. Nada. Ni siquiera un soplo de viento.

b).-La “obsesión” consume su tiempo, energía y dinero, de forma que usted ya no puede hacerse cargo de nada más. Su jefe le llama desesperadamente porque lleva bastante tiempo sin ir a la oficina, sus padres están convencidos de que le secuestraron los terroristas, mientras que su pareja oficial ya está pensando con quien compartir el resto de su vida.

c) Su salud es perjudicada por culpa de los abusos específicos. Los hábitos no convencionales son fuera de control y (por ejemplo) los golpes administrados, en un primer momento, con moderación y de manera “artística”, recibe connotaciones de agresión extrema; los juegos de roles que se solían iniciar episódicamente se extienden fuera de su vida íntima (es decir, han dejado de ser sólo juegos), el trabajo y las actividades diarias normales se llevan a cabo con gran dificultad. Usted se perdió los puntos de referencia.

d) Sus colegas de hacer locuras ya no le contestan al teléfono o declaran que, en el mejor de los casos, se dejarían atropellados por el tren en lugar de pasar otra noche en su compañía.

¿Cómo se hacen los/las escorts a la idea de los fetiches? ¡Fantástico! Sin embargo, estas distinguidas personas que actúan como “damas de compañía” y los carismáticos señores conocidos bajo el nombre de “gigolós”, deben ser elegidos cuidadosamente, porque algunos de ellos sólo resuenan con el lado tradicional de la actividad que practican, y el látigo, las esposas, la dominación o la “lluvia dorada” no se pueden contar entre sus aficiones.

¿Cómo proceder en este caso? En primer lugar, busque a alguien con la experiencia y la inclinación hacia esta área. Evite entregarse a cualquiera.

En segundo lugar, hable con antelación y en detalle sobre el “escenario” que se imagina que van a adoptar. No deje en manos de la suerte la intriga del dormitorio y asegúrese de que su pareja ha entendido exactamente lo que seguirá.

En tercer lugar, no le dé menos importancia al espacio y a los accesorios. Si usted sueña con un episodio erótico en público, debe excluir de las opciones el banco de enfrente del Ayuntamiento o el parque central. Existen diferencias entre cazar seguro, escalofríos por la columna vertebral... y hacerlo con el precio de su libertad o de una multa considerable. Idealmente, usted debe establecer los detalles responsables por el triunfo de la reunión antes de que ésta comience. A veces (dependiendo del contexto), la espontaneidad no es tan deseable.

En cuarto lugar... ¡Diviértase!

¡Mucho éxito!